5 de octubre de 2007

Yola Polastri - Las Canciones De Yola





El sólo volver a escuchar cualquiera de las muchas canciones de Yola que tengo grabadas en mi mente hacen
que me traslade de manera inmediata a todas esas tardes frente al televisor viendo su programa.
Pero también ésas mismas canciones me sacan fuera de la sala de mi casa y me llevan al recuerdo de innumerables fiestas infantiles, de mis primos, compañeros del colegio, amiguitos del barrio, y de muchas otras en que terminé en casas extrañas y en medio de niños que no conocía producto de los vínculos sociales de mi madre.
Estos recuerdos me llevan a recrear mentalmente olores y sabores infaltables en una fiesta infantil de mi época. Las galletas de animalitos, las de vainilla, las Chaplin, el pop corn preparado en olla, gelatina Royal en sus variados sabores, papitas Chipy, caramelos Monterrico y toda la línea de D’Onofrio o El Tigre. Su respectiva Inka Kola o chicha morada, ésa que te dejaba unos prematuros bigotes cuando se secaba, o la misma que te arruinaba la ropa si se te derramaba sobre la pechera del traje de marinerito o la mini guayabera.
Al seguir repasando esos días de pronto esos olores tan agradables recreados en mi mente empiezan a cambiar por otros un poco más ofensivos al acordarme de un incidente en cierta matiné a la que asistí.
Era una de esas fiestas a las que fuí llevado sólo porque mi madre conocía o era amiga de la madre del agasajado por lo que era ajeno a todos los demás niños que allí estaban. Me acuerdo que la fiesta tenía lugar en una gran casa en Jesus María por la Av. San Felipe.
La casa estaba decorada desde la entrada hasta el interior con motivos infantiles, la sala había sido transformada en un gran buffet de golosinas y bebidas y era además el punto de encuentro de las madres. Al final de la misma había un arco con puertas de vidrio que daba acceso al patio posterior donde otra gran mesa rebalsaba de golosinas. Un multicolor toldo nos protegía del Sol. Parlantes estratégicamente instalados dejaban oir canciones de Yola como haciendo el preludio a lo que vendría después. Fuí empujado hacia el patio por mi madre quién regresó raudamente a la sala para saludar a sus amigas.
Me acerco a la mesa de golosinas y entre todo el típico desorden de un grupo de niños atiborrándose de caramelos y dulces me pude percatar de un niño bastante desarrollado diría su madre, gordo lo llamaría yo, quién comía a manos llenas y quién además rugía como león al que le quieren quitar su presa cuando algún otro niño trataba de acercarse a la fuente de lo que sea que estuviera comiendo en el momento. Era en vano, había suficientes golosinas para todos los que allí estábamos y aún más.
Hacen su aparición los payasos, nos alejamos de la mesa uno por uno para prestar atención a los de la nariz roja. El último en abandonarla fué el gordito quién terminaba de raspar con su cucharita de plástico el fondo de un vasito de gelatina.
Todos parados mirando de frente a los payasos. Lo que recuerdo a continuación se podría denominar como lo que hoy se conoce por aeróbicos, ya que éramos instados cual participantes a una clase de ésas por estos dos payasos quienes fungían de instructores al hacernos saltar, ponernos en cuclillas, levantar los brazos, y luego elevar las rodillas, todo esto al compás de Yola y supuestamente bailando.
Para los de contextura normal todo este ejercicio nos era facil de sobrellevar, las cantidades industriales de azúcar que habíamos consumido nos tenía a todos hiperactivos, menos al gordito, quien saltaba con dificultad al lado derecho mío.
Pude notar que le estaba costando mucho mantener el ritmo y la respiración. Lo que me provocó una leve sonrisa, la cual se transformaría luego en espanto al ver como la cara del gordito se tornaba verde….Yola cantaba….salta, salta, salta…pequeña langosta…y al gordito se le inflaba la papada como si fuera a reventar…y en verdad reventó…vomitando sobre la cabeza de una niña que estaba en frente de él…Yola seguía cantando pero ya nadie saltaba, el gordito se veía aliviado después de la descarga, la niña con cara de asco y el pelo vomitado voltea a mirar al gordito, no atinaba a nada, a continuación ví como se le hinchaba la papada esta vez a la niña quien terminaría también vomitando a los pies del gordito, comienzan los llantos, y de pronto un olor nauseabundo comenzó a invadir el patio, la siguiente invasión fué la de las madres en auxilio de sus retoños.
Uno de los recuerdos de mi presencia en fiestas infantiles con Yola como fondo musical, los demás fueron de hecho más agradables y numerosos, lo cual hace de éste recuerdo muy fácil de ubicar. No había matiné infantil sin música de Yola, en mi casa teníamos un par de Lp’s y en las casas de mis tíos y primos no faltaba por lo menos una edición. Se podrán decir muchas cosas acerca de ella, pero su producción musical no fué jamás igualada por ningún otro artista infantil en el Perú, su extensa discografía explica el por qué sus canciones quedaron grabadas en las mentes de niños de más de una generación.
Esta es una recopilación de algunos temas de ella que estoy seguro refrescará con mucho agrado la memoria de muchos al escucharla, menos quizás para la niña de la fiesta y para el gordito.


Chino.


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2 comments:

Tobi dijo...
Un administrador del blog ha eliminado esta entrada.
Tobi dijo...

Habla Chino!! Leo tú comentario y no se si estás haciendo una apología a la música de Yola o la estas poniendo - a mi opinión personal - en el lugar que - a mi opinión personal - que ella merece: el de tener la mas nauseabunda colección de música jamás grabada por ser humano, y yo creo que el robustito niño al que haces mención en tu historia dejo bien claro ese punto. Me imagino que mucha gente discrepara conmigo, especialmente aquellos que guardaban en el rinconcito mas escondido de su alma ese retacito de esperanza de llegar a ser un(a) burbujito(a) o pinocho haciendo cabriolas por los sets del cuatro, tro, tro troooo. Yo personalmente me voy con Dan Moroboshi y con el Sebun, sebun, sebun, sebum de Fuyuki Tooru. - Tobi