30 de julio de 2008

Iron Maiden - The Number Of The Beast


Una de aquellas mañanas interminables de colegio me enteré que Guerrero y sus amigos metaleros planeaban formar parte de la próxima actuación escolar. Bastante confundido me pregunté qué podrían hacer un grupo de pelucones en esa actuación tomando en cuenta que esta siempre se caracterizó por presentar actos relacionados al arte y que mostraran las cualidades artísticas de los alumnos. Así no era raro ver un fragmento de alguna obra teatral, una pieza de música clásica con mi compañera Guiselle al piano, un sketch humorístico o algún baile tradicional peruano.

Con esa curiosidad me acerqué a ellos durante un recreo, ante mi pregunta Guerrero confirmó que serían parte de la siguiente actuación, al insistir por más detalles recibí como respuesta un gesto serio y amenazador por parte de la mayoría de ellos. Guerrero me dijo que era un secreto y que tratarían de mantenerlo así hasta el día mismo de la actuación. Con el pasar de los días las ganas por descubrir el secreto de los metaleros se hizo general. Lo único que sabíamos era que ya habían obtenido el permiso de el coordinador general y que disponían de todas las facilidades que el colegio les podría brindar. Para hacer todo más misterioso aún los metaleros decidieron no ensayar su acto en el colegio, lo que nos quitó la única posibilidad de enterarnos de qué se trataba.

Llegado el día esperado pasamos todos al auditorio principal, los compañeros de mi salón que iban a participar del acto abandonaron las clases minutos antes para poder alistarse. Mientras hacíamos todos ordenadamente el ingreso pude ver a Gino y a Guerrero corriendo hacia la puerta por donde los actores ingresaban a la parte lateral del escenario, Gino tenía puesta su camiseta de Death y Guerrero su clásico chaleco de jean adornado con parches, ambos llevaban guitarras eléctricas hechas de cartón en las manos. Una vez terminados los actos preliminares la alumna que fungía de presentadora anuncia muy alegremente un “número musical”.

Se apagaron las luces y se abrió el telón, tras unos segundos de silencio se empezó a escuchar una música que reconocí como el tema de la película La profecía, una alumna entró en escena fingiendo ser perseguida por algo o alguien que no podíamos ver, gritaba pidiendo auxilio mientras la música y los cantos gregorianos se hacían más fuertes, luego hizo su aparición un personaje vestido de monje con la capucha del traje cubriendole la cabeza, la perseguida cayó a los pies del monje y mientras se aferraba a él le imploraba por ayuda. Este permanecía inmóvil con los brazos cruzados dentro de las mangas de su traje, la música cambia y el intro de The number of the beast se escuchó por los parlantes y mientras la voz recitaba Revelaciones 13:18 el monje hacía los gestos de ser él el recitador, cuando se escuchó la parte final este se quitó la capucha dejando ver una máscara monstruosa causando el grito y la posterior huída de la chica.

Empieza la canción y un cambio de luces deja ver el fondo de la escenografia que era el rostro enorme del diablo y recordé que esa escenografia se había usado para una actuación en la que un grupo de alumnos bailó la diablada de Puno e iniciaban su baile saliendo por la boca del diablo, esta vez eran los metaleros saliendo por la misma boca con sus guitarras de cartón, provistos de pelucas que hacían sus cabelleras aún más largas nos era dificil identificarlos desde las butacas. Una batería armada con instrumentos de percusión de la banda se ubicaba en la parte alta del escenario. Los metaleros saltaban y corrían por todo el escenario, uno de ellos se arrodilló para “ejecutar” los solos de Adrian Smith y Dave Murray. Casi para el final de la canción hacen su ingreso al escenario media docena de personajes que más parecían salidos de un vídeo de Thriller que de uno de Iron Maiden, con las ropas hechas tirones y maquillaje incluído se paseaban entre los músicos como zombies, pensé que eso iba a ser todo todo lo que vería cuando se abre una puerta en el piso del escenario y del foso emergió mi amigo Carlos con una botella en la mano y una antorcha encendida en la otra, bebió un trago de la botella y luego comenzó a escupir fuego iluminando la oscuridad del escenario, lo hizo unas cuatro veces antes que la cancion terminara, las luces se apagaron y un tenue olor a combustible quemado se sintió en el auditorio.

El telón se cerró de manera abrupta y se pudo oír la voz del coordinador increpando de manera enérgica a alguien tras bambalinas. Al encenderse las luces busqué con la mirada la cara del pastor del colegio quien con una sonrisa nerviosa parecía preguntarse quién pudo haber autorizado acto de tal tipo, me imagino que el coordinador, aún en el escenario, se preguntaba a su vez quién pudo haber autorizado a mi amigo Carlos a salir de lanzallamas humano.

Chino.

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1 comments:

OrgusJim dijo...

jaja k buena, ese padresito se habra muerto de miedo tremendo sataniko k hay en las iglesias y colegios.
Saludos.