3 de septiembre de 2008

Miguel Mateos y Zas - Rockas Vivas


Si bien en un momento los alumnos de grados mayores departían con mis compañeras durante los recreos, ahora que estos ya habían terminado el colegio éramos los varones de mi promoción los que nos hacíamos amigos de las alumnas de los primeros grados. Así no era raro ver como se iban formando las parejas que, durante los 10 minutos que duraban los recreos, ocupaban un espacio del balcón para conocerse y conversar. Compañeros como Sandro, Carlos o Fernando salían raudos al sonido del timbre para encontrarse con unas chicas de la promoción de mi hermano, dos años menor que yo.

Un día, sólo minutos antes del recreo de la mañana Fernando se acercó para decirme que quería que conociera a una chica amiga de las que él y mis amigos afanaban. El nombre de la chica que me presentaron era Paola, sus enormes ojos verdes capturaron mi atención, las pecas en su cara también resaltaban. Lo siguiente que noté en ella una vez que empezamos a conversar fue un ligero siseo al hablar, Paola usaba frenillos correctores los cuales trataba de ocultar evitando sonreir demasiado.

A partir de ese instante nos juntábamos durante todos los recreos a conversar, la atracción era mutua y por demás evidente, sus amigas me fastidiaban con ella y mis amigos hacían lo mismo con Paola pero lo nuestro era sólo amistad en ese momento. Ella tenía un enamorado de muchos años al cual decía querer mucho. Yo le confesé tener enamorada en un intento por mantener las cosas en un plano de amistad pero nuestros encuentros en el balcón se hacían cada vez mas afectuosos y necesarios, ahora era yo el que salía raudo al sonido del timbre dejando atrás a mis compañeros mientras ella me esperaba a las afueras de su salón.

Se acercaban las vacaciones de Julio cuando Paola me comentó un día muy apenada que ella y su enamorado habían terminado, traté de consolarla en lo posible pero se le notaba muy afectada. En la última semana de clases le pregunté si querría salir conmigo durante las vacaciones, Paola preguntó por mi enamorada y le tuve que contar que habíamos peleado y que no sabía si íbamos a regresar o no. La llamé para invitarla a ver el concierto de Miguel Mateos & Zas en la Feria del Hogar y me dijo que estaba trabajando con unas primas en un stand de la Feria, que podría igual escaparse para el concierto.

Llegado el día del concierto aproveché mi pase permanente y fui directo al stand Didacta por ella, una vez allí me di con la sorpresa que la única manera en que ella podría dejar el stand era saliendo con sus dos primas. Acepté de mala gana y fuimos los 4 hacia el gran estelar. Una vez que empezó el concierto las primas inventaron un pretexto y nos dejaron solos no sin antes hacerme una señal de ánimo con el pulgar mientras se alejaban. Miguel Mateos corría de extremo a extremo del escenario con mucha energía mientras que el cañón de luz trataba de seguirlo, pasaba del teclado a la guitarra dependiendo de la canción y mantenía un buen contacto con el público.

Con la excusa de movernos hacia el escenario tomé su mano y no la solté más, ella me miraba con mucha ternura y las luces del escenario se reflejaban en sus grandes ojos verdes, le pregunté si estaba disfrutando del concierto y solo asintió con la cabeza mientras no dejaba de mirarme a los ojos. Con la excusa de protegerla del público la abracé por detrás mientras seguíamos viendo el concierto. Mateos anuncia el tema Perdiendo el control y mientras el ritmo lento de la canción acompañaba las letras románticas de la misma volteé a Paola y la besé mientras ella ponía sus brazos alrededor de mi cuello. La canción terminó pero nosotros seguíamos besándonos sin importar las miradas de la gente. La banda Zas tocaba ahora en ritmo de rock pero para nosotros todavía sonaba a balada. Mateos no terminaba de despedirse cuando por arte de magia reaparecieron las primas, las acompañé de vuelta hasta el stand no sin antes despedirme de Paola unos metros antes de llegar. Durante esas vacaciones de medio año la pasé a buscar varias veces al stand, me hice amigo de sus primas y pasamos buenos momentos disfrutando de las instalaciones del recinto ferial.

En la primera semana de regreso a clases el timbre del recreo no tuvo el mismo efecto en mí, tímidamente salí de mi salón y miré hacia el balcón, allí estaba ella, me acerqué y le dije que tenía una noticia que darle, mi enamorada y yo habíamos regresado y no podríamos seguir viéndonos, un gesto de alivio se dibujó en su rostro y mi ego herido hizo que le preguntara el por qué de su reacción. Luego me contaría que ella y su enamorado también habían regresado y que no sabía cómo decírmelo. Una vez aclarado todo nuestras pláticas volvieron a la normalidad y seguimos siendo sólo amigos hasta que terminé el colegio. Después no la vi más, pero mi cassette de Rockas Vivas siempre me hacía recordarla.

Chino.
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